25 de febrero de 2007

Escribo por puro gozo, por amor propio diría yo y porque me gusta lo que descubro a través de las letras. También porque hay mucho ruido y mi voz se diluye entre la gente.

Usualmente desaparezco: me transformo en un par de ojos prendidos del aire que recorren las calles. Pasan los días y continúo siendo invisible. Mi gusto por observar es enfermizo y morboso. Hasta podría decir que me produce placer -como arrancarse las costras.

Las hordas y la fauna en las ciudades se devoran a sí mismas y tan tranquilos. Van desapareciendo mundos con las horas y ni una nota en la televisión. He experimentado el cambio de ciudad entre otras cosas y nada. No desaparece mi mal, ni existen otras circunstancias.

Escribo de noche porque sólo a estas horas alcanzo a distinguir mis susurros tratando de fugarse a través de mis dedos. ¡Ja! También soy perversa: los prendo de estas páginas.