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30 de enero de 2011

A tientas salía de la cueva. Una voz guiaba sus manos sobre las rocas, creía que su origen estaba en la cima y se llenaba de temor cuando la vibración de su propio sonido la despertaba de un sueño. Para hacer contacto en la penumbra se entregaba a un silencio divino.

Hubo una época de lluvia durante el ascenso y los muros cercanos a la boca de la tierra se humedecieron. Sus pies desprendían terrones que la obligaban a un descenso involuntario. Ese viaje de lento retorno formaba su cuerpo, su resistencia. Aprendió a medir la fuerza para continuar hacia la luz sin desgajar la matriz de la montaña.

El ascenso se registró en su piel, el tiempo en sus ojos cansados de ir a ciegas. Las marcas grabadas en los muros por sus uñas cuñas narran la historia de su desplazamiento.

27 de enero de 2011

hombre y mujer se descubren en un viaje hacia el corazón del universo

l  i   b  r  e  s






24 de enero de 2011

murió el obispo Samuel Ruiz.
mucha tristeza, mucha.

gracias por ayudarnos a comprender lo que decían las voces de la tierra, del aire
y de los hombres de todos colores. todas están en  nuestro corazón.

22 de enero de 2011

Escribo desde la ciudad y frente al mar.

Nosotros vivimos durante muchos días con la certeza de que habría más muertos, aún sabemos que entre ellos puede aparecer nuestro cadáver, el de una hermana, el de nuestra madre, el de uno, dos o todos nuestros hijos. Hemos estado pendientes del fin del tiempo, en vigilia por el sitio. Aprendimos a respirar entre mundos y descubrimos que no estábamos solos cuando nos reconocimos en la línea de las ciudades desprotegidas. Una noche de persecución aceptamos el inicio de la guerra. En la nuca el vaho de los señores a galope (y su cabalgar todavía muy cerca). Tantas horas con el futuro interrumpido abrieron heridas de las que brotaron llanto, sangre y pus. Un miedo así de frente y colectivo, tan íntimo, hace crack.

El encierro parece a la distancia el repliegue de un animal que se oculta cuando es herido, a curarse con su propia lengua. Se es otro después de tan siniestros y, en esa pausa que no lo fue, los minutos se hicieron largos, sucedió para algunos un cambio en su manera de observar. En la distorsión de las palabras que produjeron el desorden y la destrucción de los símbolos, que habían sobrevivido a catástrofes anteriores, descubrimos que inventábamos un lenguaje. El por qué nuestras escrituras se han vuelto cortas quizá se debe a que estamos en la proximidad de la síntesis y tal vez sólo sea necesario descifrar y reorganizar algunas palabras en todas sus posibles semánticas. Amor, Libertad.

Un puño de voces inicia un murmullo y con los restos de sus cordones umbilicales tejen otro mundo, un Otro que aprendieron de niños. Una mariposa aletea minúscula su verdor en una estación que continúa invierno. Es la noche de los magos, de los guerreros y los oráculos, de las hechiceras que lo son sin saberlo. Es en este frío donde nos abrigamos, unos a otros, unos con otros.

Algunos persiguen el lugar donde se concibe el universo, van tras su origen y lo vislumbran articulado en el movimiento de los labios y la vibración que produce el aire en la campanilla y la lengua. Para hacerlo, hay que aprender a respirar más allá del instinto, hasta gritar y experimentar el llanto.

El mundo es reflejo de quienes somos, los otros son nuestros espejos, ahí nos replicamos. Algunas veces intentamos descubrir nuestra belleza en las cosas muertas y la nombramos Siempre Viva, réquiem o nostalgia. Otras, hacemos viajes que no podemos ni nombrar donde suceden la resurrección y los lenguajes sagrados.

Mantenemos la cadencia sobre este espiral. Esto es lo que hacemos, en el transcurso acertamos y observamos la equivocación. El movimiento no cesa, genera electricidad e ilumina.

Hay por lo menos diez justos.




(Miriam: Este es mi ejercicio sobre las razones par no destruir el mundo. Voy a tratar de concluir otros. Gracias!)

20 de enero de 2011

no es tiempo de construir


es tiempo de deconstruise

19 de enero de 2011

Textos de las 2 p.m., de Miriam García
Por Paty Blake

I. Como en Una caja de frascos inusuales:

Tome el libro y obsérvelo. Tómelo entre sus manos como tomaría un objeto antiguo, hermoso, raro. Sienta la textura rugosa de sus hojas. Los bordes de su portada. Ábralo de par en par, escúchelo crujir y toque sus costuras. Sienta, como dice Miriam, “las vibraciones / latidos / aire”. Tal vez lo abra en la página 24, la del té de manzanilla, o en la página de “Respire. Envasado en México”. Tenga cuidado. Algún frasco podría escaparse, tal vez el que es del color de las hojas de una libreta universitaria, el rojo, o el que está hecho con cabellos olvidados en una almohada.

Recorra su letra. Probablemente, muy probablemente, tendrá algún recuerdo, de esos con serifa. Tal vez de la cinta rojinegra de una pesada Olivetti, Woodstock o Royal. O de un altero de hojas semicorregidas, dejadas de lado al ver que renglones antes se cometió un error y le falta alguna palabra. Más adelante, podría toparse con letra un poco más redonda, de una máquina eléctrica.

Todo ello, cada detalle fue pensado por la mujer morena por la tobalá cigarro en mano.

II. Como en Textos de las 2 p.m.:

Si la realidad es esto que observo, fotográfico hilado, entonces también tiene algo que ver con los granos de azúcar en la taza de café de mediamañana, con una fotografía encontrada en la revista Cuartoscuro y su eco, con los viajes de los amigos, con la transformación de la calle y las ráfagas del AK 47, que interrumpe las madrugadas, con el hombre que se va de viaje a alguna parte, sin retorno, con la gente que se ríe mucho pero no conversa, con disfrutar en silencio los sonidos del aire acondicionado y del motorcito de las computadoras en la hora de la comida, con salir a comerse un sándwich y tomar un Minute Maid a las 3 de la tarde, cuando todos ya han regresado de su hora de comida, con los 1.64 de la mujer morena y el hombre que la ronda, con la falsa cabeza Olmeca detrás del cristal.

Todo se resume en esto: el centro y su circunferencia.

III. Como en Sangrita:

Un espacio íntimo como una libreta favorita. Como un diálogo interno. Como una palabra dicha en alguna parte. Como que llueve. Un lugar de diálogos escritos. De letra pequeña. Como un blog, como un dragón que es papalote.

Así es este “Textos de las 2 p.m.” que me tocó a mí. El número doce de cien. Hecho, pensado, cosido, cuidado, a mano. Impreso en una Canon. En la de Miriam. Con fotografías de la autora e Itzel Martínez del Cañizo, ilustraciones de Paola Torresponce, y portada de Luis del Toro y Alejandro Zacarías. Todo esto se escapó de amarabierto.blogspot.com, dice Miriam. Yo creo que son como los asientos del té. Lo que perduró después de muchos días de infusiones diarias.

Y sí, este libro es para suministrarse en pequeñas dosis. Y claro, sería conveniente tomar en cuenta la recomendación de la página 29:

“No use su contenido frente a extraños, hombres lobo o marineros varados en ciudades.
No olvide.”


Muchas gracias Paty!!

10 de enero de 2011

Me acerco y toma el teléfono. Necesito resolver una pregunta que sólo él puede responder. Todos miran. Esperan. Me acerco. Deja el teléfono y clava la mirada en el monitor. Pregunto y su mirada se desliza por el suelo, por la pared, busca asirse al escritorio de junto. Me muestra la nuca y su cuerpo torcido. Esconde la mano en la bolsa derecha del pantalón. Su pierna izquierda vuela y se dobla; la otra intenta dar un paso, alejarse. Logra dar pequeños saltos con un pie. Se incorpora, corre, huye. Desde allá, su aliento alcanza para un No. El sonido de mis tacones en el pasillo se vuelve una carcajada. Una sombra dentada que anda junto a mí: Tan sin piedad le diste, tan sin piedad. Un nudo se tensa en el centro de mi espalda.

7 de enero de 2011

hoy desprendo cierto color de luz. un ramo gigante de flores brillan en mi pecho. sí,
es en el silencio donde el amor sucede. hablamos de los dickies y el frío, del salario y de llevar una casa. una sonrisa sella la negociación del no.

yo no tuve padre. pienso en las niñas que esperan a su padre frente a la ventana, en la certidumbre que su abrazo infinito alimenta y en el poder para decir no que florecerá cuando aparezcan los golpes o las dudas.

el amor hacia el otro es una imagen que se multiplica y atraviesa su cuerpo .

4 de enero de 2011