31 de mayo de 2013

Los días me beben.

Ando bien desconectadota,
descuido los buenos modos,
olvídome a ratos.
Ya me caché.


30 de mayo de 2013

Ayer platicaba con Miguel Erick y Arturo Araujo sobre la ciudad y la violencia. Comentábamos sobre las transformaciones que esta relación ha  producido en las personas y en sus prácticas. También sobre los cambios que ha generado en algunos artistas, sus formas de hacer y en las temáticas abordan. Les conté que había conversado sobre este tema con Ariadna, una chica que estudia en El Colmex y que observa estas cosas.

Mientras limpiábamos el taller, compartimos nuestros puntos de vista sobre la relación entre arte y resistencia, arte y espacio público, arte y sanación, arte y cuerpo, arte y persona. Hablamos de resiliencia, de los lenguajes no verbales, de los no escritos y de los otros lenguajes que pueden expresarse a través del arte.

Arturo habló de la importancia de observar y comprender el silencio. Nos dijo que  el silencio es un síntoma del trauma en países que han vivido violencia como la vivida por nosotros,. De la parálisis, dijimos. Del miedo, dijimos. Nos platicó sobre Hannah Arendt y sus interpretaciones sobre el silencio.

El continuó en el lavado de las charolas del área de gráfica, Miguel Erick siguió instalando unas cortinas de papel que acababa de diseñar y yo  preparando las impresiones en serigrafía que abandonaron los alumnos para montarlas en las paredes del taller. Limpiamos y reorganizamos el salón.

Arturo dijo:

"Somos pobres, pero tenemos dignidad".
"Trabajamos en espacios dignos de nuestros sueños".
"Necesitamos un lugar especial para el té en este estudio".
"...y unas bancas aquí afuera para que los estudiantes platiquen".

Arturo canta casi todo el tiempo.


28 de mayo de 2013

Hoy dije que no a varias cosas.
Lo hice bien.

Quiero recuperar mi vida después de las 6:00 pm.
Leer y estudiar en paz.

Encontré un lugarcito maravilloso en la biblioteca.
Ayer empecé a dar clases de nuevo.

Ciudadanía y democracia.
Hoy analizamos en clase la función social de la ficción.

Los chicos hablaron del bien común,
de la necesidad de aprender a decidir.

Les pedí que buscaran palabras que reemplazaran "bueno" y "malo" en sus opiniones.
Fue complicado al principio, casi imposible.

Nuestra práctica consiste en reconocer al otro:
llamarlo por su nombre,
escuchar con atención lo que dice,
comunicarse con la mayor claridad posible para que el otro pueda comprender las ideas que expreso,

observar el lenguaje del cuerpo:
este es un lugar seguro para decir no sé, no entiendo, para equivocarse, les dije.

Y en ese momento algunos abrieron mucho los ojos,
otros exhalaron y bajaron los hombros.
Dos de ellos sonrieron con tranquilidad.

Cosas extrañas suceden.
No toman notas en papel.




26 de mayo de 2013

Desde el día que recogí a mi compa y a su familia en el aeropuerto empezaron a hacer preguntas sobre la ciudad: que si la línea, que si el muro y que si de veras eso que se miraba de aquel lado era EU. Luego, que si porqué tantas cruces, letreros en inglés, gente hablando en inglés y en español, que si por qué todas esas personas corriendo en la Internacional y el canal.

Cuando los llevé al Faro ella y su pareja se pusieron muy contentos, el chico comenzó a cantar algo sobre “La esquina de Latinoamérica”. Después anduvimos sobre el malecón disfrutando del mar y de los murales. A mi compa le sorprendió ver tantos perros pese a los letreros de “prohibido traer mascotas”. Vimos que a un lado había canastos pequeños de color azul. Ella me dijo que también los pusieron en la Roma, que sirven para tirar las bolsitas con caca de los perritos con pedigree. “Andamos mal”, le dije.

La abundancia de casas abandonadas con letreros de “se vende” o “se renta” en Playas de Tijuana, Tijuarito y el Centro hicieron que mi visitante antropóloga me preguntara: “¿Qué pasó aquí?”.

Hice una narración sobre la historia reciente de Tijuana, les di tres antecedentes: TLC, Operación Guardián y 9/11. “La guerra endureció a partir de 2006, después tuvimos que refugiarnos en el espacio privado”. “Sentimos miedo”. “Pero aquí siempre están el mar, la frontera y nuestra imaginación dispuesta a saltar cualquier límite”. “Nos ha tomado mucho tiempo empezar a recuperarnos y a recuperar la ciudad”. “Lo que ves aquí es consecuencia del neoliberalismo, de la pobreza, que es violencia también". Platicamos durante varias horas por las noches hasta que nos tumbaba el sueño.

Ella dijo que nunca había estado en una ciudad donde tantas personas se hubieran quedado arriba. “¿Te has dado cuenta? Hay cientos de locos en las calles de esta ciudad, pero ni siquiera se parecen a los locos de otros lugares. Aquí hay otro tipo de locura, a nadie le molesta y nadie se detiene a ayudar a esas personas”. “Morra, estamos en guerra”, le dije. “Aquí han pasado muchas cosas de las que se habla poco. Pero esto pasa en todo el país, sucede sobre nosotros, ¿no lo ves?".

“Tú vives en un país que me da miedo”.

(Silencio)

Nuestras siguientes conversaciones versaron sobre relaciones de género, sistema de becas Conacyt, coediciones, investigación, SNI y vedetismo. También me contó sobre la gente bonita y extranjera de los pueblos del sur, de la frontera con Guatemala y la trata de personas, de la comida orgánica y los partos naturales en medio del bosque o dentro del agua a los que acuden las extranjeras y las mexicanas que pueden costearlo, del “do it yourself” y el comercio justo, de un tal Don Lauro poderosísimo “que de seguro tiene un montón de morras ayudantas y viviendo con él”, le dije. “Sí, curiosamente sí. ¿Cómo sabes?”.

Hablamos de Hermosillo, por supuesto, del profundo aprendizaje que dejó en nosotras vivir en el desierto. De todas las cosas que cambiaron después de eso. “Oye, ¿y sigues escribiendo tus pinches poemas?”. Nos reímos mucho, a veces ella de mí, otras yo de ella. “¡Caaaaalmate, pinchi Miriam! ¡Caaaaalmate! Nunca imaginé que acabarías así de loca, pero te ves bien contenta”.


Pues ya, se marcharon. Me quedo con el gusto de hablar con ella. También con la curiosidad de repensar la ciudad: necesito viajar. 
Estrelicia
Spinetta


19 de mayo de 2013

Una antropóloga con su esposo y su hijo de año y medio se hospedan en mi casa desde hace varios días. Mi amiga hace posdoctorado en uno de esos institutos muy académicos y se ha convertido en una mujer que amamanta a un hijo planeado con el mismo cuidado que su vida académica. La morra dedica su tiempo a hacer sólo las cosas que le gustan, aquéllas, dice, que son importantes: estudiar el mundo vivo de lo simbólico en las comunidades indígenas del norte y las del sur de la frontera sur, cuidar a su hijo y llevar el dinero a casa.

El esposo se levanta muy temprano a ponernos café y a preparar el desayuno. Antes de salir de casa deja los trastes lavados, la cama tendida y el cuarto en orden. También es investigador, pero por ahora se dedica a cuidar al hijo y a la mujer. Hace las cosas con mucho amor y siempre anda contento. Su morrito se ve bien felizzzz.

Yo le quiero poner un monumento a este bato. Le digo a mi compa que le hagamos un grupo en Face o algo, pa' ver si se motivan algunos y agarran la onda.

10 de mayo de 2013

Los migrantes llegan por cientos a Tijuana todos los días, no había visto algo semejante: mexicanos, centroamericanos, repatriados... Huyen del hambre y la violencia.

La ciudad no está preparada para recibirlos. La gente duerme en la calle, debajo de los puentes, dentro de las alcantarillas, come del bote de basura o del suelo y algunos pelean por los desechos: plásticos, metales o vidrios.

Los que tenemos más tiempo de residencia, trabajamos casi todo el día. Hay muy pocas ocasiones para el descanso, siempre hay ruido, no hay escuelas suficientes, ni trabajos, ni casas. Nos abrazamos de esos pequeños momentos de gozo, fiesta y alegría que de vez en cuando logramos generar.

Somos más extraños que nunca, ¿quiénes somos?


5 de mayo de 2013

somos responsables de nuestros actos de habla

soy responsable de mis actos de habla

el cuerpo vibra

2 de mayo de 2013

(ya pasó).

1 de mayo de 2013

La amistad entre mujeres es una de las fuerzas más poderosas del multiverso.



Estas son mis amigas Vero, Leti, Mayte y su hija Marian. Estamos juntas desde 1990. Nuestras vidas han dado tantos giros, hemos andado por muchos caminos, dejado atrás muchas máscaras y montones de vatos. Y aquí seguimos. Soy bendecida por la amistad de varias mujeres, no todas aparecen en esta foto. Su amor siempre está para mí y el mío para ellas, aunque nos vemos poco porque cada una se dedica a cientos de cosas.



Y esta soy yo, muy feliz en mi lugar favorito: la playa.



Fotos: Vero Ortega.