30 de diciembre de 2014

Hoy es treinta de diciembre y estoy en Cancún con mi madre y mis hermanas. Ayer estuve en el templo maya del Jaguar, junto a un hermoso cenote. Fui a Tulum y comprobé que me imaginación es superada de manera infinita por la belleza de este espacio. Las risas de la gente que habitó este y los otros sitios que he visitado puede escucharse todavía. El espíritu de sus viajes y la energía de su mundo permanecen vivos. Eran libres y disfrutaban de una creatividad luminosa que nosotros a penas alcanzamos a percibir.

Conocí el sitio de Cobá, es indescriptible. La paz de ese sitio, la antigüedad de los seres que la habitan y la magestuosidad de sus vestigios siembran en mí una profunda humildad. Sólo puedo pensar en la libertad y en la vida, en eso que una sociedad finamente organizada y en armonía con los elementos de la naturaleza puede lograr. Nos fuimos a Bacalar hace unos días y conocí una laguna de todos los azules.

Sin embargo, lo más notable y significativo de lo que va de este viaje es la calidez de las personas que hemos conocido, sobre todo la gente de los pueblitos, la que nos guía. Son profundamente amorosos, hace mucho que no sentía tanta ternura, viven con mucha dignidad, tienen mucho orgullo de tener raíces mayas.

He pensado en la Historia y estoy segura de que nos han mentido descaradamente. Aquí las personas lucharon durante siglos y lo que vivieron fue horroroso, lo que vivieron los pueblos originarios de este continente fue mostruoso y aún lo sigue siendo. Por eso, su voz se eleva digna y luminosa en los momentos de tan funestos gobernantes y gente.

Observarlo me hace pensar en esa ciudad tan decadente en la que vivo, en lo ridículamente pequeño que ha sido mi mundo y que es el mundito del sitio de donde yo vengo. Ya no quiero resistir, no podemos regresar, ¿a qué? Debe haber una manera de dejar de participar en este sistema y que se colapse, de encontrarnos de nuevo con la tierra y sobre todo con la comunidad. Para vivir con dignidad es necesario transformar e impulsar la creatividad, eso es hoy. Reconocer que no vendrá nadie a hacerlo por nosotros lo me hace sentir libre.

22 de diciembre de 2014

Nunca leí a Mathai, lo veía caminar por la universidad con su maletín. No puedo dar una opinión sobre su trabajo intelectual. Sobre la interpretación que hace Alfredo, un poco. Me gustó cómo abona a la idea de que en esta frontera una propuesta filosófica está por hacerse. Quizá en los noventa esa idea era el tópico más relevante, la frontera como un lugar de esperanza donde se podía construir otro mundo con los desechos de California y la riqueza cultural de los tijuanenses. Ahora no, es muy distinto, es una zona miserable.

Andar a pie durante unos días y caminar por donde no suelo pasar cambió mi experiencia de este espacio y de este tiempo una vez más. Las personas son más pobres de lo que suponía, la pobreza es inocultable, vi el estrés en su expresión corporal, en su piel manchada por el sol y la falta de los nutrientes indispensables, en sus dientes cariados, sucios y la ausencia de piezas dentales, en la ropa, gastada, muy gastada, en el cabello sin brillo, deshidradato, maltratado y lo más fuerte es ver si mirada que ve hacia ninguna parte. Una tristeza y falta de fe. Está bien cabrón pensar que alguien puede ser feliz aquí.

Hace mucho que no sé qué es ser feliz en totalidad, lo más cercano es un estado de ausencia y de silencio, donde por lo menos me siento tranquila. La compañía es imprescindible, el cuerpo se muere si nadie lo acaricia y se muere una toda realmente. A lo mejor eso es la felicidad en el presente. Estamos todos tan invadidos por el miedo que somos incapaces de enamorarnos, vemos el amor o lo sentimos y echamos por delante la frontera que llevamos dentro, con murallas, cámaras de vigilancia y el resto del aparato de seguridad. Somos tan frágiles en verdad.

A mí me da gusto saludarte aunque también me da tristeza verte, siempre siento que tienes algo que decirme, tus ojos hablan mucho pero sales corriendo y me quedo preguntándome por qué. Es raro, pero así eres. Sólo tú sabes qué pasa. Voy entendiendo que me sucede con varias personas, que yo las tengo muy presentes y creo que estamos cerca en el pensamiento y en la energía y en estas semanas acepté que no es tan cierto. Yo vivo con la creencia de que aunque no nos vemos vivimos luchando por las mismas cosas, en la intención y en la acción,  que eso nos hace estar juntos siempre, que pensarlo al mismo tiempo bastaba y solía pensar que era un pacto de vida que teníamos varias personas, pero ahora lo dudo.  Esas lealtades se van borrando y me siento con mi lealtad a mí misma nomás y es como si los demás empezaran a morirse.

Pienso que las personas sienten mucho miedo de aceptar que existan esos vínculos y que ya no se permiten ser como niños, prefieren perder la espontaneidad de un abrazo o de una palabra o de un beso, o simplemente responder a una invitación para hablar y se tripean no sé qué. Después alguien o algunos me dicen que soy muy ingenua o muy sensible o que espero mucho de las personas. En el pasado hay muchas cosas que no puedo cambiar, ya no quiero recodar ni extrañar nada  ni a nadie.

Ha sido extenuante tanto pasado, invertimos demasiado tiempo en el pasado y dejamos ir el presente. Así que es parte de la vida cerrar ciclos y abrirlos, yo busco abrir un ciclo más creativo y festivo, de mucha claridad en las palabras y acciones. Gracias por tus buenos deseos.

3 de diciembre de 2014

llueve y el gato sale a beber del agua que clara descansa en un charco que se formó en el patio. el suelo humedecido se vuelve cuna para tan incontables gotas.

me asomo y prendo un cigarro. hace frío. las plantas se ven contentas y muy verdes. la nochebuena tiene una flor chiquita.

observo los insectos que habitan este jardín y pienso en su derecho a transitarlo. nunca les prohibiré nada, este territorio es nuestro y de nadie.