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30 de septiembre de 2015

Le he agarrado gusto al cardamomo y al gengibre. Me los bebo como té caliente cuando me siento junto a la mesa a estudiar, aquí en el silencio maravilloso de esta casa. De frente tengo un espejo. Me gusta mirarme mientras leo o escribo. Mis ojeras dicen más de lo que deseo. Pero eso es asunto mío.

Hace unos días descubrí que le he devuelto a mi madre todas sus expectativas. Y duermo más tranquila. Despacio apago Todas las Voces que Nunca tendré satisfechas. Y algo se adelgaza. Con ese pequeño acto de magia recupero movilidad en todas mis dimensiones, gano espacio para pensarme y en él habito un presente de soledad liberadora. No conocía esa paz.

Escribo sobre un proyecto que necesito cerrar, termino de bordarme piel y espíritu. Voy a dejarme intactas las arrugas que aparecen cuando sonrío.

12 de septiembre de 2015

El objeto A

(Ayer estuvimos analizando el asunto del deseo y la idea del individuo,el lugar del deseo y del objeto en la elaboración de nuestros versos personales y colectivos; también, del placer y del goce. Ser objeto: Ser objeto, de deseo y de desecho. Esto último no lo hablamos en el taller todavía, pero está implícito. Hay un asunto ontológico que va más allá de lo que Freud o Lacan pudieran haber dicho. Las ideas como las palabras sirven para lo que sirven y sólo pueden servirle a los vivos, del presente o del futuro. Eso es la trascendencia, ¿no? Seguir siendo. Y una palabra implica aliento y cuerpo, memoria, sonido, lengua y sociedad, práctica, para sobrevivir las mutaciones del tiempo.

Hoy amanecí segura de que no tengo que repetir lo que dicen los hombres, ni las mujeres, estén vivos o muertos. He comprendido lo de la caja de zapatos, esa de los modelos teóricos que "debemos" aprender a repetir para pertenecer. Y escucho en la zapatería a unos y otros repetir las mismas marcas, darles vuelta a los modelos y hablar de la reproducción en serie. Y yo observo la reproducción en serie de ideas y zapatos. Tengo la costumbre de andar descalza.

Las palabrascaja son imprescindibles, pero los pies dan cuenta de una forma distinta del mundo y yo necesito recordar lo que dice el mundo cuando lo siento en mis pies, recordar y seguir conociendo con los pies, con las manos, con los sentidos. Existen aún millones de "objetos" transitando universos conexos e inconexos para los que no existen palabras ni historias ni cajas de zapatos).


Al morir El objeto A muere un poco de la misma persona o se muere toda,  entonces sigue viva o medio viva, sin comprender del todo esa muerte, sin poderla explicar, ni recordar por completo. El nombre del objeto de deseo pierde sus contornos y su profundidad, se evapora dejando una huella o una cicatriz o una imagen que se enciende en la memoria cuando el sol entra por la ventana a las seis de la tarde durante la segunda semana del mes de septiembre, tan poderosa como la sombra que asciende y desciende serpenteando las piedras, pero no puede volver a ser el objeto A original que fue, se vuelve una mórbida resonancia, la copia desaurada de algo Intangible.


7 de septiembre de 2015

Fui a caminar a un parque en San Diego y descubrí  familias completas circulando las vereditas y las banquetas en unas máquinas de dos llantas, que conducían de pie y a dos manos, desde el niño chiquito hasta la abuela. Todos llevaban cascos bien puestos y back packs, mientras avanzaban una persona detrás de otra. Pensé en los efectos que sobre la salud puede tener el no caminar y en lo triste que me resultaba su renuncia a  tocar la tierra. En los cerros de mi ciudad y en las señoras que los suben con sus bolsas del Oxxo o del mercadito, con sus chamacos sobre de ellas o junto a ellas. En los viejitos que nadie visita y que pudieran salir a pasearse o a la tienda en una de esas máquinas. En los morros de la escuela que viajan en taxi y que qué dieran por tener al menos uno de esos objetos de transporte. Confieso que también vinieron a mi mente los baches, la basura, el peligro de una bala perdida y los automovilistas neuróticos de mi ciudad, sobre todo la jauría de perros que con toda seguridad saldrían corriendo y ladrando detrás de las máquinas del futuro presente y de sus conductores, y que éstos les soltarían sin duda una ráfaga de esas que a veces suenan en la calle para continuar su camino automotriz.

6 de septiembre de 2015

Hoy crucé al otro lado después de cinco años. Regresé harta y abrumada: por un set de televisión colosal, atascado de publicidad y de carreteras diseñadas para el alentar consumo; con la mirada saturada de imágenes por no encontrar sitio para descansar del bombardeo de logotipos ni de letreros con indicaciones. Enloquecí por otro tipo de encierro, uno confortable y luminoso, donde todo queda a mano para ser adquirido: la risa, la fantasía, el descanso, la felicidad, la tarde. Soy una de esas personas molestas que observa con atención crítica. No quise hablar inglés y no fue necesario, esta vez los diálogos sucedieron en español para mi sorpresa, así que mi resistencia al idioma ha dejado de tener sentido. No sé si es resultado de un triunfo. El costo de la vida allá es asombroso y existe una discrepancia monstruosa entre nuestras realidades, la económica me provoca asco.