10 de septiembre de 2016

Hoy me enteraría de algo. Los semáforos de pronto dejaron de funcionar y el auto empezó a hacer un sonido extraño. ¡Más fuerte, más fuerte! Comencé a ir despacio... A escuchar con ansiedad. Y el sudor... Sentí las gotas de sudor correr por mis mejillas, la espalda mojada: vi las gotas escurrir por mis cabellos, mojar mis muslos. ¡Cuánto calor! Y el tráfico... El sonido del auto llamaba la atención y era cada vez más intenso. Tomé la palanca y di vuelta en dirección contraria. La ruta al trabajo pasaba por mi mente, sólo pensaba en eso: en la semana sin auto y en las dificultades de tráfico que eso implicaría. Dejé atrás la cita y pasé 4 ó 5 horas en el taller mecánico que fueron nada, nada cuando hay tanto silencio y tanta paz. Y escribí, escribí de nuevo. No supe, no sabré.